| En la noche el dulce suspiro de un blues cercano abriga como en un torbellino sólo lluvia y nostalgia.
Pesados los sonidos, la mente se refugia, cambia, va mutando con cada nota hasta crecer, hasta sentirse violada, destruída y reinventada con una suave caricia,
Y es esta la locura de la que hablaban los Griegos.
Y es esta la ciudad que nos acoge en su vientre de carbón y metal.
Caminando, viendo la noche como un ojo gigante que es testigo e instigador de nuestros más perversos sueños, nos dirigimos sin rumbo por mares y tormentas, por fotografías sepias de tanto esperar en el cajón de los recuerdos.
Áhora las manos se mojan en la garúa cediendo un lento adiós a todas las personas que deseamos que estén cerca.
Son gotas de las nubes las que corren por tu rostro? No, son las lágrimas saladas que marcan un rumbo frenético hasta tu mentón.
Los vidrios empañados y la ropa mojada.
Solo letras en el aire. |